BIOGRAFÍA CAPITAN HONORARIO ALVARO INZUNZA

ainzunza

 

 

Su infancia.

Álvaro nació en octubre de 1924 en Valdivia, en donde cursó la enseñanza básica en el Instituto Salesiano. Cuando tenía diez años se fue a vivir a Chillan junto a su familia debido a un cambio de trabajo de su padre. Esta situación lo mantuvo muchos años alejado de su querida ciudad natal, viviendo en soledad como él menciona. Su padre trabajaba todo el tiempo y su madre dueña de casa era la totalidad de su mundo.

 

 

Desde pequeño siempre fue amante de las manualidades y las artes plásticas, manteniendo constantemente una gran vocación de enseñar a los demás,  lo que provocó que ingresara a la Escuela Normalista Santa Teresa de Chile, optando a la mención en Tecnología.

El camino para buscar su futuro no fue fácil, comenta que nunca estuvo decidido totalmente de ser profesor, principalmente por los prejuicios que existían, sumado a su espíritu de joven aventurero e inquieto. Muchas veces tuvo en mente ingresar a las fuerzas armadas, lo que llevó a que se inscribiera en la Armada de Chile terminando la secundaria. Sin embargo, un día antes de reclutarse desistió y decidió que su vida era la vocación educacional.

 

“Cuando era pequeño fui muy aventurero y desordenado, siempre con mis amigos jugábamos a recostarnos en los durmientes de la línea del tren cuando este pasaba, o subirnos al convoy corriendo sin medir los riesgos, cosas de niño que quizás me ayudaron para enfrentar situaciones fuertes más adelante” mencionaba entre risas.

Álvaro comenta que junto con las aventuras que hacía cuando niño, uno de los capítulos que más marcó su vida, fue cuando tenía 14 años y sobrevivió a duras penas el terremoto de Chillan de 1939.

Cuando se desató el terremoto, él estaba en su casa la cual no resistió el movimiento y fue aplastado por algunas murallas de greda de su habitación. Producto del peso de estas, estuvo sin poder respirar algunos momentos, hasta que logró zafarse lo necesario para recobrar el aire y pedir ayuda.

Detalla que todas las veces que vuelve a recordar ese terrible momento, analiza que con esa edad, podría haberse quedado quieto y rendido al destino, esperando a la suerte que alguien lo fuese a rescatar, no obstante decidió luchar por su vida, no se quedó de brazos cruzados y después de dos horas escavando con sus manos los restos de las paredes logró salir para ir en ayuda de su familia que también estaba atrapada.

El terremoto se llevó por completo la casa que habían construido en Ñuble, la familia quedó mal económicamente y la ciudad estaba devastada como para intentar seguir ahí, por lo cual decidieron regresar al sur y comenzar de nuevo una vida en Valdivia, sin imaginar que 20 años después enfrentarían otro gran terremoto.

Así como ayudó a su familia a sobrevivir, siempre mantuvo una vocación de ayudar al prójimo, por lo que en 1957 cuando tenía 33 años decidió ingresar a ser bombero en la Séptima Compañía de Valdivia, la misma unidad donde eran voluntarios su suegro y cuñado.

El gran terremoto de Valdivia

El 22 de mayo de 1960, alrededor de las 15 horas, un terremoto con epicentro en la ciudad de Valdivia afectó al sur de Chile. El devastador movimiento dejó cerca de 2 mil personas fallecidas, mientras que 2 millones de chilenos quedaban damnificados. Muchos de ellos que quedaron atrapados o mal heridos pudieron salvar con vida por sus propios medios, mientras que otros, fueron rescatados por héroes anónimos, uno de los cuales fue Álvaro Inzunza.

Tal como él menciona, este episodio de su vida ha sido uno de los más fuertes que le ha tocado vivir, principalmente por estar a cargo como bombero en muchas labores de rescate de víctimas y personas atrapadas producto del terremoto.

Relata que el mayor episodio se vivió en el edificio Pralle de Valdivia, donde producto de los catastróficos daños que había dejado el movimiento telúrico en la ciudad, un hombre quedó atrapado en el segundo piso del edificio. La víctima estaba cubierta por murallas desde la cintura hacia abajo con sus piernas aprisionadas.

“El rescate comenzó cerca de las 5 de la tarde, ahí partió una odisea en donde no pensé en mi vida sino en la del prójimo. Me encontraba con un gran amigo bombero, Efraín Gómez, con quien trabajamos juntos desde el principio, después llegó un conscripto para ayudarnos. Primero ubicamos a la persona por sus gritos, después comenzamos a sacar escombros, sin ninguna herramienta, ni siquiera guantes y después de 5 horas aproximadamente logramos llegar donde el hombre atrapado. Cuando él me vio, se puso a llorar por la desesperación y tranquilidad que la ayudaba había llegado. Pedí luz porque ya era de noche y no veíamos nada, me trajeron tres velas y una caja de fósforos, solo tres velas, además de un serrucho y dos gatas de vehículo. Todo eso duro 8 extensas horas en las cuales solo pensamos en sacar a ese pobre hombre”.

Si bien, él comenta que fue un rescate como muchos otros que le tocó asistir, ese episodio lo marcó por la forma en que estaba atrapado el hombre, quien le pedía que si fuese necesario le cortara la pierna con un serrucho para poder sobrevivir. 20 años atrás, Álvaro había logrado liberarse de los escombros estando atrapado de la misma forma que el hombre que estaba ayudando.

89 años de vida

Por lo general una persona a los 89 años de edad mantiene una vida de reposo en casa, cuidándose de enfermedades y posibles accidentes, pero por el contrario, Álvaro mantiene una vida muy activa, hasta el día de hoy conduce su vehículo a diario, asiste de espectador a algunos incendios de vez en cuando y un par de veces a la semana participa en reuniones y actividades en su Séptima Compañía y en su querido Instituto Salesiano, del cual jubiló como profesor en el año 1996.

Al preguntarle cuál cree que ha sido la fórmula para mantenerse con buena salud y vida, él responde sin dudar que “el servicio a la educación, el voluntariado y la familia, han sido la clave de mi vida y lo que me mantiene feliz”.

 

Entrega de medalla municipal por apoyo brindado en el terremoto de 1960.

 

 

 

Álvaro Inzunza y esposa Marisol Schell.

 

Joaquín Sepulveda Bastias 

 

 

 

 

 

La Séptima

El Acta de Fundación, en idioma Alemán, de hace 115 años, dice que un día Viernes 27 de abril de 1900, un grupo de alemanes residentes y varios chilenos de espíritu altruista, todos ellos con enorme vocación bomberil y deseos de ser útil, decidieron formar esta voluntaria unidad.

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